Desde que la historia es historia, hombres y mujeres han decorado sus ropajes, peinados y cuerpo con cuentas de colores, telas, plumas. Basta con recordar los tocados que eran utilizados en el Antiguo Egipto por todas las personas fuese cual fuese su clase social. Véanse gorros, sombreros, o lujosas tiaras que lucían los faraones.

También en la antigua Grecia y Roma queda patente el uso de tocados y diademas de cuentas para decorar recogidos. También el uso de velos y cintas que adornaban los cabellos de las jóvenes vestales.

En el Medievo se extiende el uso del tocado pero cobra un carácter diferente, más relacionado con las pretensiones religiosas de la época, asociando el cubrir la testa como un símbolo de pudor. Como así hicieron en la corte española de los Reyes Católicos.

Juana la Loca portando mantillaTodavía hoy podemos ver el uso de estos tocados reflejados en cuadros de Isabel de Castilla o Juana “la loca” quienes acostumbraban a portar mantillas de paño en su corte. En otras ocasiones podían verse las llamadas “vendas” que enmarcaban el perfil de las mujeres hasta cerca de la barbilla.
En el siglo XVI y XVII se inicia una nueva andadura en el campo de los tocados. Se pone de moda el uso de redecillas y cofias también conocidas como capotas que habitualmente estaban elaboradas en terciopelos, sedas, pieles, etc… Debido a la influencia de la corte francesa se impone en Europa el uso de pelucas con voluminosos recogidos, y con ellos los tocados ganan en altura y majestuosidad.

Fotograma de la película María Antonieta (FilmAffinity 2006) También se introducen nuevos materiales como es el uso de encajes, collares de perlas, plumas, etc, que daban un aspecto majestuoso a las damas. El barroco, reconocido periodo artístico caracterizado por el exceso, dio un paso más allá en el Rococó donde su máximo exponente es fácilmente recordado por todos como la reina María Antonieta. Monsieur Larseneur atendía a los deseos de una caprichosa reina insatisfecha y exigente..

En la Ilustración española, me gustaría detenerme en el legado pictórico que nos dejó el genial Francisco de Goya, donde podemos encontrar el tocado español más representativo de la época, la redecilla goyesca. En la España del siglo XVIII se extendió el uso de este tocado acompañado de largas trenzas. También los sombreros de ala ancha decorados con plumas solían cubrir las cabezas de la burguesía del momento.

El apartado en el que me gustaría hacer mayor hincapié, es la evolución del tocado en el siglo XX.

El primer decenio del siglo veinte viene marcado por la primera guerra mundial en la que se experimentó un retroceso en el ámbito de la moda. Se acabó la opulencia del siglo XIX y la moda se volvió austera. Eran años difíciles que llevaron a las mujeres a reducir ostensiblemente su indumentaria limitándose a lo imprescindible dejando de lado los accesorios.

Terminada la guerra, llegan los felices años veinte. Tiempos de fox-trot y el loco charleston. Una etapa de desenfado y optimismo que se tradujo en vestidos sencillos decorados con flecos y encajes, se abandonan las pomposidades y se pasan a los cortes rectos y a la cadera. Las cabecitas de las mujeres se adornan con tiras decoradas con perlas, encajes, plumas de fantasía o broches de estilo art decó que lucían espectaculares sobre las ondas al agua y los ojos ahumados. Una estética vintage que vuelve a estar de rabiosa actualidad.

Los tocados en los años treinta tuvieron su origen en la primera maison de CHANEL que se situaba en el Boulevard de Malesherbes. En este pequeño comercio Mademoiselle Chanel inició su andadura como sombrerera. De sus manos salieron canotiers, boinas, y bandeaus de elegancia indiscutible que liberaron a la mujer de los cánones estéticos de la época.

 En los años cuarenta y cincuenta, se generaliza la utilización de tocados como complemento de conjuntos femeninos de cinturas muy marcadas. Es la era Dior. Además, el motivo de la rápida expansión, se debe a la difusión que el cine hacía de sus estrellas Audrey Hepburn, Rita Hayworth, Grace Nelly y muchas más.
En los años sesenta no podemos olvidarnos de la carismática Jackeline Kennedy quien hizo del sombrerito pill-box un símbolo de elegancia. Juntos se convirtieron en un icono y es todavía el día que la gente desconoce su nombre pill-box y lo denomina “sombrerito tipo Jackie.”

El movimiento hippie surge en los EE.UU. como movimiento contra la guerra de Vietnam. Pero el resultado fue abrumador, en poco tiempo un movimiento superó el ámbito de lo político pasando a convertirse en un modo de vida. El movimiento hippie cambió el concepto de moda que hasta entonces había existido, sustituyendo los tocados por cintas de rafia, piel o guipur, y los sombreros de fieltro y buntal por sombreros de paja.

En los años ochenta y noventa quedan en desuso los tocados y vuelven a su pleno apogeo en la actualidad.

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